Renuncia con denuncia: un edil del Frente Amplio deja su banca en Rocha tras cuestionar una política “de espaldas a la gente”
La renuncia de Bruno Servetto a su cargo como edil departamental en Rocha no fue un gesto aislado ni una salida silenciosa. Fue el desenlace de un proceso de desgaste político y personal marcado por críticas abiertas al funcionamiento del sistema y, en particular, a ciertas formas de gestión que —según sostuvo— priorizan la imagen por sobre las soluciones reales.
Servetto, edil suplente del Frente Amplio e integrante del Movimiento de Participación Popular (lista 609), confirmó a rochaaldia.com su decisión de abandonar definitivamente la actividad política y su función en la Junta Departamental. “No es una decisión liviana ni cómoda, pero sí necesaria”, afirmó. Alegó motivos personales y familiares, pero sobre todo una “reflexión profunda, honesta y dolorosa” sobre lo que hoy es, en la práctica, el ejercicio de la política.
“Llegué con vocación de servicio, con la convicción de representar a los vecinos y de ser un puente entre sus necesidades y las decisiones públicas. Con el tiempo entendí que, demasiadas veces, la política deja de mirar a la gente para protegerse a sí misma”, expresó. Para Servetto, el problema no es abstracto: es territorial, cotidiano y visible. “Falta caminar los barrios, falta mirar a los ojos, falta entrar a las casas y ver cómo vive realmente la gente”, sostuvo.
Esa mirada crítica ya había quedado expuesta en su actuación dentro del deliberativo. Durante una sesión de la Junta Departamental, Servetto cuestionó duramente la gestión del alcalde de Castillos, Gastón Larrosa, denunciando lo que definió como un “exceso de marketing en redes sociales” y una carencia de respuestas concretas a problemas básicos que afectan a vecinos de distintos barrios.
“Esta es la era de la foto, y está bárbaro. Se suben a las redes sociales y son todos méritos de un alcalde que ha hecho corte de pasto a trocha y mocha. Pero necesitamos acciones concretas para estos vecinos”, afirmó en sala. Durante su intervención, leyó testimonios de familias y grupos vecinales que reclaman soluciones elementales aún pendientes: la colocación de un caño clave para completar un pequeño puente, la reposición de tapas de contenedores rotos y la limpieza de cunetas en zonas alejadas del centro.
Según denunció, muchos de esos reclamos fueron compromisos asumidos durante la campaña electoral. “Los vecinos confiaron, votaron al alcalde esperando vivir mejor, pero las acciones no llegaron. Falta tan poco, pero ese poco es lo que más duele”, señaló.
Servetto también cuestionó la asignación de recursos, marcando una distancia clara entre lo que se muestra y lo que se resuelve. Mientras se invierte en pintar edificios o realizar tareas menores que luego se difunden en redes sociales, advirtió que “hay familias que viven entre la basura y el barro”. En ese marco, remarcó que los trabajadores municipales “sí están cumpliendo”, pero reclamó mayor reconocimiento y una compensación salarial justa para quienes sostienen el funcionamiento cotidiano del Estado local.
El cierre de aquella intervención fue tan directo como incómodo: “Está bárbaro el eslogan de compromiso y trabajo, pero si hablamos de compromiso, el alcalde de Castillos, ¿se ha comprometido con esta gente o solo fueron promesas de campaña?”.
La coherencia entre discurso y acción volvió a quedar en evidencia semanas después, cuando Servetto fue una de las voces más críticas frente al aumento de los reintegros económicos para los ediles, que pasaron a alcanzar los 45.000 pesos mensuales. Votó en contra y fundamentó su postura con un mensaje de austeridad: “No puedo creer que una persona que cobra una jubilación de 16.000 pesos vea que nosotros aprobamos reintegros de 32, 38 o 45 mil”.
Recordó que los ediles cuentan con tarjetas para traslados dentro del departamento y cuestionó los argumentos vinculados a gastos de combustible. “Si no podemos andar en auto, salgamos a pie”, dijo entonces, subrayando que el servicio público no puede divorciarse de la realidad económica de la ciudadanía.
“Hoy doy un paso al costado con la conciencia tranquila. Porque la coherencia no se declama: se ejerce”, afirmó al confirmar su renuncia. Y agregó una frase que funciona como síntesis política de su decisión: “La honestidad también implica saber irse cuando el camino deja de representar los valores con los que uno llegó”.
La salida de Bruno Servetto deja más que una banca vacía. Deja expuesta una tensión profunda entre el discurso político y la vida real de los vecinos, y reabre un debate incómodo en Rocha: si la política está dispuesta a volver a la calle o seguirá hablándose a sí misma desde el escritorio.
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