Odoyá en la costa: cuando el mar convoca y la fe se vuelve encuentro
La noche del 1.º de febrero, el balneario La Paloma volvió a ser escenario de una ceremonia que, lejos de encerrarse en lo ritual, se abrió al paisaje, a la comunidad y al sentido profundo de compartir. La celebración en honor a Iemanjá reunió a creyentes, curiosos y vecinos en una procesión que avanzó hacia el mar con cantos, ofrendas y una devoción serena, sin estridencias ni imposiciones. Fue, sobre todo, una noche de respeto.
“Iemanjá es un orixá, no una virgen”, aclaró Natalia Lazo, jefa de Umbanda y referente del Templo Jurema Das Matas, en diálogo con Rochaaldia.com. La precisión no busca polemizar sino ordenar sentidos. El sincretismo religioso, nacido en tiempos de esclavitud, asoció a Iemanjá con la Virgen de la Candelaria, pero en las religiones de matriz africana se trata de una energía de la naturaleza: el mar como origen, protección y creación. Una fuerza viva, no una imagen.
La celebración se realizó este año el domingo 1.º de febrero, un día antes de la fecha tradicional del 2. La explicación es simple y, a la vez, reveladora de cómo funcionan estas prácticas lejos del dogma rígido.
“No se cambia el día de Iemanjá ni se afecta a nadie. Se celebra cuando se puede, en la fecha más cercana y acorde a las posibilidades reales”, explicó la entrevistada.
La organización de la procesión implica la llegada de personas desde distintos puntos del país y de Brasil, una movilización grande y un esfuerzo colectivo que, en esta ocasión, encontraba en el domingo el momento posible. El mar, recordó, no tiene calendario.
La procesión partió desde la avenida Solari, frente a Antel, y avanzó hasta la bahía de La Paloma. Allí, el ritual se completó con cantos, agradecimientos y ofrendas pensadas desde una conciencia ambiental: flores, frutas, velas celestes y blancas, todo biodegradable. El cuidado del agua —ese mismo mar al que se honra— fue parte central del mensaje.
Con más de una década de realización ininterrumpida, el homenaje impulsado por el Templo Jurema Das Matas se consolidó como un encuentro que excede lo estrictamente religioso. Se acercan personas de distintas creencias y también quienes no profesan ninguna, pero encuentran en la ceremonia un espacio de recogimiento, cultura y comunidad.
“Es una noche de axé y entrega”, resumió Natalia Lazo. “Que Iemanjá guíe nuestros pensamientos y proteja a cada persona que estuvo presente y a quienes, desde su fe, necesiten amparo”.
La celebración también recuerda el legado del Pae Babalorixá Alamir de Jagum, impulsor de este homenaje con una impronta basada en el respeto, el amor y la convivencia. En ese espíritu se inscribe la Umbanda, religión nacida en Brasil en 1908, que combina espiritualidad, acción comunitaria y caridad, y que en Uruguay gana visibilidad como parte de la diversidad religiosa y del patrimonio cultural inmaterial.
En una costa donde el verano multiplica voces y miradas, la noche de Iemanjá propuso otra forma de estar juntos: sin ruido, sin confrontación, con el mar como testigo y la fe —para quienes la tienen— como un gesto íntimo que no excluye. Odoyá. Desde Rochaaldia.com, contar también es escuchar.
Foto: Templo Jurema Das Matas
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