Las luces sobre el Atlántico: el misterio que sobrevoló Rocha y la explicación oficial
Durante varias noches del verano, el cielo del este uruguayo volvió a ser escenario de preguntas antiguas. En Rocha, frente a la inmensidad del Atlántico, decenas de vecinos alzaron la vista y vieron lo mismo: luces blancas en desplazamiento, alineadas, silenciosas, avanzando con una precisión que no parecía natural.
No eran fuegos artificiales. No eran aviones comerciales. No había ruido. Solo puntos luminosos cruzando el horizonte, a baja elevación, entre los 10 y 40 grados, hacia el Sur y el Sureste. En departamentos costeros como Maldonado y Rocha, donde el mar abre el cielo sin obstáculos, el fenómeno se percibió con mayor nitidez.
Entre el 13 de enero y el 15 de febrero de 2026 se registraron 25 denuncias formales en distintos puntos del país —Montevideo, Canelones, Maldonado, San José, Rivera, Colonia, Lavalleja, Cerro Largo y Rocha — que motivaron la intervención de la Comisión Receptora e Investigadora de Denuncias de Objetos Voladores No Identificados (Cridovni), organismo que funciona bajo la órbita del Ministerio de Defensa Nacional.
El comunicado, difundido por la Fuerza Aérea Uruguaya, describe coincidencias claras en los testimonios: “luces de color blanco en desplazamiento, mayoritariamente sobre el Río de la Plata y el Océano Atlántico”. La reiteración de patrones —trayectoria lineal, intensidad constante, ausencia de maniobras erráticas— permitió descartar, en una primera fase, fenómenos atmosféricos o aeronaves convencionales.
En Rocha, el impacto fue inmediato. Las redes sociales se llenaron de videos grabados desde La Paloma, Punta del Diablo y Castillos. Algunos hablaban de “formaciones”, otros de “caravanas en el cielo”. El imaginario colectivo hizo el resto: ovnis, tecnología desconocida, señales en el firmamento.
Pero la explicación oficial fue menos extraordinaria —aunque no menos reveladora—. Tras analizar las evidencias fotográficas y audiovisuales aportadas por los testigos y cruzar la información con registros aeroespaciales, la comisión concluyó que los objetos observados correspondían al pasaje de satélites del sistema Starlink y otras plataformas en órbita.
La constelación de satélites, diseñada para proveer internet de alta velocidad, suele desplazarse en fila, generando una ilusión de coordinación perfecta. En cielos despejados y sin contaminación lumínica —como los de buena parte del litoral rochense— el fenómeno resulta particularmente visible.
No es la primera vez que ocurre. Tampoco será la última. Pero cada avistamiento reactiva algo más profundo que la mera curiosidad tecnológica: la persistente fascinación humana por aquello que no entendemos de inmediato.
Rocha, con su cielo abierto y su horizonte sin límites, vuelve a recordarlo. A veces, el misterio no está en lo que vemos, sino en cómo lo interpretamos. Y entre la hipótesis extraterrestre y la órbita satelital, hay una línea fina donde conviven la ciencia, la percepción y la necesidad ancestral de asombro.
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