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La tormenta no duró más de diez minutos. Pero para muchos vecinos de Cebollatí fue un tiempo suspendido, espeso, difícil de medir. “El susto era grande, no me dio ni tiempo a mirar el reloj”, relató Jaime Murdoch, a Nueva Radio Lascano, todavía con la voz marcada por lo vivido.

El fenómeno comenzó sobre las 23 horas. Primero los relámpagos. Luego, sin lluvia que amortiguara el golpe, las primeras piedras de hielo. “Los primeros granizos eran casi como un huevo de gallina”, describió Juan Carlos de los Santos. “Empezó sin lluvia. Los primeros azotazos fueron en seco, y ahí fue cuando asustó más”.

El viento hizo el resto.

“Se volaron techos, portones, algunas barandas de casas”, detalló Murdoch. “En sí, Cebollatí tiene bastante daño material. Pero por suerte no hay nadie lesionado, que es lo más importante”.

Las chapas de dolmenit fueron las más castigadas. “Las dejaba como un colador”, dijo. “Las comunes aguantaron mejor, por lo menos en los galpones nuestros”. De los Santos confirmó la escena: “Algunos techos quedaron perforados. Vidrios rotos, persianas agujereadas. No era fácil de mirar”.

Hubo vehículos alcanzados por la granizada. “Agarró autos afuera porque fue de golpe”, contó Murdoch. “En casa de mi señora la camioneta quedó marcada atrás, pero los vidrios aguantaron bien”.

Más allá del pueblo, la preocupación se trasladó al campo. Productores arroceros y sojeros comenzaron a comunicarse entre sí en la madrugada. “No fue daño leve”, sostuvo Murdoch. “Agarró algunos pedazos de chacra y fue complicado. Granizo grande, grande de verdad”.

De los Santos coincide en que el impacto en cultivos puede ser significativo. “Las chacras de arroz deben haber sentido fuerte. Hoy la gente estará evaluando los estragos”.

Ambos testimonios apuntan a que la tormenta siguió una franja relativamente angosta. “Pasó arriba de Cebollatí y agarró rumbo al Estero Pelota”, explicó Murdoch. “No fue una franja ancha, pero donde pasó fue horrible”.

En zonas a unos 20 kilómetros, como en inmediaciones de la Escuela 91, no se registró granizo. Esa irregularidad alimenta la hipótesis de un fenómeno localizado, intenso y breve.

“Yo pensé que se venían todas las casas abajo”, confesó Murdoch. “Uno siempre piensa lo peor en esos segundos”.
“Fue una granizada muy fuerte, con un viento que tiraba para todos lados”, agregó De los Santos. “No es lo mismo que caiga granizo sin viento. Esto venía con todo”.

La lluvia continuaba durante la madrugada y la mañana siguiente, dificultando un relevamiento completo. Pero más allá del conteo de chapas perforadas o cultivos dañados, el temporal dejó una marca más difícil de medir: la conciencia de fragilidad.

En Cebollatí, esa noche, el ruido del granizo contra los techos fue algo más que meteorología. Fue la sensación —breve pero contundente— de que el cielo podía caer en pedazos.

Autor: ROCHAALDIA.COM